Día de asueto. Día de los muertos. Celebrar esta tradición en México es una tragicomedia irónica, pero así es. El doodle de Google nos felicita con banderitas de colores, mexicanas y alegres ¿o apoco es pleonasmo?
Nos levantamos temprano para ser día libre. L.A. trabaja hasta las cuatro y debía entrar a las nueve, así que me levanté de la cama, fui al baño y después a la tienda por huevo, tomate y leche. No hemos ido al súper y apenas tuvimos para el estricto café mañanero. Desayunamos y como siempre, por la plática, L.A. no terminó el desayuno a tiempo.
Al irse comencé a cambiar algunos muebles del cuarto. Puedo decir con victoria que el horroroso mueble lleno de libretas y hojas ya no está. Ahora ocupa un bonito lugar en la alacena y el amarillo brillante destaca con justicia en otro lado de la sala. Colgué la ropa que recibimos de la lavandería con sólo dos días de retraso, oí las noticias de la radio y hace apenas unos minutos terminé de leer los editoriales de El País, Replicante y Regeneración.
En un par de horas mis jefes me llamaran por Skype desde Mallorca, España para hacer una junta semanal -a partir de hoy- pues ya tienen Internet en su casa. No hay nada para comer y el sol del medio día no alienta a salir al suepermercado, debo escribir un artículo sobre el libro de A.F. y transcribir la entrevista a un dramaturgo local para enviarlo a la revista de la costa.
Es, como dije, día de muertos y quizá la razón por la que no me siento tan viva.