jueves, 10 de marzo de 2016

PUTOSOL

Volvió el calor. Y con él mi mal humor. De pronto recordé lo mucho que odio el desastre de L. y me di cuenta de cuánto necesito de mi espacio personal, de un lugar, un mueble para poner todas mis cosas que ahora mismo se encuentran empaquetadas en el closet. Las de uso diario también. L no deja de comprarse cosas y siempre son las mismas, lo nuevo y peligroso es una televisión. ¿Qué tiene de malo ésta? En mi cuarto, cuando vivía en casa de mis papás no tenía televisión por decisión propia desde que me mudé a una habitación individual, y ahora que vivo con alguien: boom! Viene incluido con aquello que evité por cuatro años y ahora quiere ser de más pulgadas, HD y todas esas porquerías.

Es el calor. El calor me pone de malas, me saca salpullido en la nariz, me da dolor de espalda y cabeza, me saca caspa, granos y un feo color amarillo tostado, mi tez morena se vuelve un esbozo de mí mal pintado. Vivo en uno de los estados con peor clima. Treinta y nueve grados centígrados, ochenta por ciento de humedad, sol abrasador cancerígeno y piel llena de lunares (signo de piel sensible, papel craft).

Este horror nos va a durar un año entero, para dar tregua con un frío también húmedo de cuatro semanas. ¿En serio quiero vivir en esta horrorosa ciudad? Estoy pensando cuán necesarios son los arreglos de esta casa que presumo mía, y qué tan bueno será que me esté encariñando.


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